Tu piel tersa, suave, tus poros húmedos...

Recibo tu sudario en mi piel, transformándome en una gran carretera... de venas duras y palpitantes.

Tu aroma, a frambuesa fresca me eleva, mientras exploro el paraíso... desdoblada en mil orgasmos.

Tu olor, el aroma intenso a ti, me sumerjo como un delfín entre tus piernas, saboreando el músculo sensible... y sabroso de tu intimidad.

Me confundo en tu palpitar, no sé, si es tu corazón, aquel sensible órgano... que últimamente he desayunado y cenado.

Nuestra piel, ambas dueñas de perímetros y volúmenes, suaves bajo la crema de nuestra feminidad... ambas en tu naciente revés y excitación.


Corres el velo insensible del desamor, recobrando un Eros perdido

en la desilusión y, el abandono...